28/2/16

Depresión era su adicción

Estaba lloviendo. No hacía frío, pero ella notó como se hacía de su cuerpo una tela transparente, y frágil. Frágil como lo era su alma, protegida por esa coraza tan mal blindada. Y notaba como sus huesos se fragmentaban, y como las gotas heladas la traspasaban sin esfuerzo.
          Y lo pronunció, así, de forma suave pero como con dificultad, dejando salir esas dos simples palabras de su cuerpo como al mago al que el truco le sale mal y no tiene ni la más mínima jodida idea de como solucionarlo. Porque, en el fondo, ella ya sabía que no hacía frío, sino que éste era causado por la extraña sensación que le producía la distancia, tan corta y a la vez tan larga, que la separaba de los brazos de él.
          —Tengo frío. —Él la miró, sin saber qué hacer. Ella desnudó todas sus debilidades, dejándolas entrever por el huequecito de la puerta. Y él se acercó, a mirar, para ver si se quitaba algo más. Pero, como ella no lo hacía, decidió entrar y desnudar, esta vez, la tristeza que la consumía.



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